“Primeras jornadas: mujer, ámbitos y enfoques”
Ponente: Bibiana Degli Esposti.
Madrid, 9 de mayo de 2006
entro de los ámbitos y enfoques que hemos seleccionado para estas primeras
Jornadas sobre Mujer, incluiremos la convocatoria de hoy, Mujeres en el
tango, en el ámbito artístico y social, tomando para ello un enfoque que
nos permita mostrar que la presencia de las mujeres en el tango, ha sido
no sólo constante sino temprana, primaria y aun hoy sigue, y acá estamos,
dentro de un rato lo van a ver. En la segunda parte de mi intervención,
plantearé que la mujer en el tango hace su revolución a la hora de escribir
la letra.
Los escenarios del tango tuvieron mujer desde los inicios.
Y qué mujeres, mujeres todas ellas de armas tomar, mujeres que se hicieron
en el tango y que tomaron el tango como arma y salieron con valentía a caminar
un mundo que no parecía estarles destinado. Aunque con eso del destino,
hay que tener cuidado.
Hay que tomarse el cuidado y con tranquilidad decir que
el tango y sus avatares son un modo de la cultura que orilló todo el siglo
pasado y pasa al nuestro con una fuerza envidiable, con una fuerza que lo
rescata de los orígenes rioplatenses y lo difunde y lo funde con la música
de otras ciudades tomando ahí también su espacio.
 Tranquilidad para decir que las mujeres en el tango pusieron
desde el principio en entredicho la cosa que asegura que mujer y dinero
no son amantes si se trata de que ella lo produzca. En los artículos que
tomé como bibliografía y que reseñaré luego, se asegura con rigor que las
divas del tango fueron taquilleras a rabiar. Despuntaron sus voces e hicieron
fortunas en las radios amadas por todos los porteños, en especial por aquellos
que peinan canas y recuerdan esa historia de seguidilla y en el orden fantástico
que sus memorias les brindan.
Avatares de las memorias aparte, todos aseguran que
ellas caminaban el campo del tango como sus dueñas, como las divinas,
como señoras del tango, en una comunión que excedía cualquier contrato
matrimonial. Me parece hoy
después de haber leído sus historias en la revista Gilda que tuve el
gusto de dirigir,
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Me parece digo que no se las puede pensar
por fuera de un amor al trabajo, al trabajo en el tango, porque
los moldes que rompieron no fueron cualesquiera. Para preparar
esta intervención, he leído todos los artículos que en esa revista
publicaron
José María Otero y Néstor González y yo misma y
algún que otro chimento de esos que te sueltan los milongueros
de pro, curiosas criaturas que me está siendo dado conocer.
Empezaron en el tango las mujeres cantando, sobre todo
cantando aunque algunas compositoras hubo, también directoras
de orquesta, algunas con su nombre a la vista y otras
con su nombre cambiado, mutado en varón del tango donde
no lo había. Como ejemplo de las ocultas, María Luisa Carnelli,
autora de Cuando llora la milonga….
Entre las que aparecieron con su nombre propio, empezaré
citando a
Paquita Bernardo. Nacida en 1900, inició un fogoso
romance con el bandoneón siendo una pibita. Su determinación la convirtió en una
gran ejecutante rompiendo tabúes. A los 20 años conduce un sexteto en el
que se alineaban chiquilines como
Osvaldo Pugliese al piano. Mujer de contextura
frágil que logró parar el tráfico de la calle Corrientes para escucharla
y que conducía al grupo con su formidable mano derecha,
su larga melena, blusa blanca, pollera negra y un almohadón
recamado donde apoyaba sus pequeños pies. Enorme
para la música, pequeña para la intemperie de la vida, se la
llevó un resfrío mal curado a los 25 años.
Pero entre las cosas a destacar, la corta de vida de Paquita
no fue una constante entre las divinas del tango. Como contrapunto,
Tita Merello entre las que crecieron y vivieron largamente
en el tango. Para mí la Tita siempre fue mayor. Cuando leía sus
historias se me hacía difícil pensar que no siempre había sido
así. Nació en 1904, vivió todo el siglo y paseó su porte arrabalero
por sus escenarios. Paradigmática representante de los orígenes
más que humildes de muchas de las mujeres en el tango, su
versión de arrabalera, llena de gracia y arte una letra que es para
ponerse a llorar: mi casa fue un corralón de arrabal bien proletario,
papel de diario el colchón del cajón en que me crié.
Me parece fuerte a rabiar pero en lo que me viene a cuento
destacarla es en su manera de cantar diciéndole a los hombres
lo que muchas querríamos, lo que muchas no se atrevieron
y sobre todo, decir sin más, lo que ellos no querían oír.
Quién puede decir con naturalidad, piantá de aquí: no vuelvas
en tu vida… No puedo más pasarla sin comida ni oirte así,
decir tanta pavada….¿Es que no te das cuenta que sós un
engrupido que te crees que al mundo lo vas a arreglar vos?
Hacé el favor!...
Ella no lo escribió pero quién se lo quita de la marca. No
sólo le habló así a los hombres, también compuso un tango en
el que directamente preguntaba: Decime dios, ¿dónde estás?
“Le dí la cara a la vida, y me la dejó marcada. En cada arruga
que tengo, llevo una pena guardada”. Y mucha sabiduría donde
cabe decir que su vida artística, canto, composición, cine,
suplieron ampliamente la formación académica de la que sigue
siendo, la Tita de Buenos Aires.
No voy a poder con todas, aunque sosteniéndome de todas
pueda yo algo decir que enfoque estas mujeres en el tango
como mujeres forjadoras de cultura, de la cultura argentina y
uruguaya y más acá, de un canto universal por popular, universal
por decirle a hombres y mujeres que pueden abrazarse
y bailar mientras otros hacen la guerra.
Continuará en el próximo número...
Bibiana Degli Esposti.
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