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a nuestra es una época llena de polémicas vacías. Muchas de las cosas
que nos indignan hoy, en apenas un par de meses no serán sino un vago
recuerdo sin importancia, mientras que la mayoría de los asuntos trascendentes
seguirán sin resolver y sin siquiera abordarse.
Éste me parece el caso de la supuesta polémica que genera
el tango electrónico. No creo que para el futuro del tango esta tendencia
suponga un punto de inflexión, desde luego, pero tampoco que esta moda
suponga un ataque imperdonable a los cimientos de la música porteña.
La única razón del reconocimiento limitado que esta
corriente tiene en este momento es sin duda el éxito comercial de Gotan
Project, que a mi entender ha arrastrado a su rueda a media docena de
grupos de calidad desigual.
La base de “La revancha del Tango” es la incorporación
de los ritmos electrónicos y el sonido del bandoneón a las bases de milonga
y chacarera sin caer en la tediosa reiteración de las melodías. Cuenta
además con unos arreglos cuidados y la compañía de unos músicos experimentados.
El disco tienen además una duración suficiente en contraposición a una
buena parte de las grabaciones actuales cortadas por el patrón de los
45 ó 50 minutos. El tema emblemático es “Tríptico” donde muestran ese
desarrollo armónico y rítmico con elegancia y originalidad.
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El alma argentina de Gotan Project es Eduardo Makaroff.
Antes de Gotán estuvo en otras mil aventuras y en una de ellas escribió
el vals irónico “Los Argentinos” que es uno de mis preferidos. El letrista
retrata con el humor y probablemente con la serenidad de la distancia
desde finales de los 90, ese carácter “modesto” de los argentinos que
les hace tan queridos por el resto de la humanidad. Vale la pena escucharlo,
aunque no es fácil de localizar.
Pero el resto de mis experiencias han sido bien negativas.
Los discos que he podido escuchar de esta tendencia repiten hasta la saciedad
un par de frases musicales durante cinco o seis minutos a través del sampler
y con un rimo de corte techno hasta provocar el hastío del oyente. Pese
a que en todos se muestra un cierto respeto a la tradición, mediante la
presencia de la voz de Gardel, las melodías de Piazzolla o Troilo o las
más recientes de Julián Plaza, parece más bien la falta de argumentos
novedosos la que lleva a remezclar los tradicionales.
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Me trajeron de Buenos Aires el disco de Otros Aires
que me ha aburrido soberanamente, la verdad. He sentido un cierto alivio
al no poder encontrarlo en Madrid con los precios prohibitivos que impiden
arriesgar a comprarse un disco sin referencias. En las tiendas de aquí
he escuchado con decepción a los Astornautas de Ultratango, a Bajofondo
y a Tango Crash. Sin duda, las colaboraciones de algunos cantantes tradicionales
se deben más a razones comerciales o afectivas que a un impulso artístico.
Pero con ello no me quiero mostrar opuesto a la evolución
del tango, a su fusión con otros ritmos y las creaciones de los nuevos
talentos. Pienso que esta moda será muy pasajera y que su único efecto
positivo puede ser servir de puerta de entrada para algunos aficionados
jóvenes que de esta manera pudieran llegar al tango más tradicional.
Los proyectos de fusión con el fado que lleva a cabo
María Lavalle, las creaciones de Ziegler, de Juan Carlos Cáceres, las
orquestas de tango en Alemania o en Holanda, las recuperaciones de tangos
tras el año Pugliese, etc...demuestran que el tango sigue buscando nuevos
caminos. Y el tango electrónico no será ni su precipicio ni un trampolín.
Hasta el próximo disco.
JUAN RAMÓN PANZANO
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