|
— Vale… ¡Uy! Mira que rimel me he comprado… ¡es estupendo!… (¡Tía no te rías que se te nota mucho!)… Bueno
ya se ha ido… la verdad es que tenías
razón: por lo que yo recuerdo éste
tiene un peligro… Lo que no sé es por qué esta gente no se queda en su casa en vez de venir aquí a darle a una la brasa.
— Pues ¡por qué va a ser!, A ver donde va a encontrar un cenutrio como
ése, con cien años, bajito, calvo y gordo, otro sitio donde poder tener abrazadas a chicas como las que hay aquí, durante un cuarto de hora a cada
una, por ocho euros. Y encima eligiendo…
— Desde luego… a ver si ponen el cuarto de hora femenino como en los guateques de los sesenta que todos éstos
se iban a enterar.
— O sea, ¿que tú en los sesenta ya ibas a guateques? Pues que bien te conservas chica.
— Mira alhaja tengamos la noche en paz que yo no he venido aquí a pelearme
contigo sino a bailar… cosa que dudo
que ocurra.
— Desde luego tenéis razón –interviene
_______(22)– porque yo en salón…
— ¡Hola chicas! –interrumpe _______(23), que vuelve de bailar toda sofocada– Así que vosotras también habéis decidido descansar… ¡la verdad es que en esto del tango no se para de bailar!
— Sí, precisamente estábamos comentando
eso mismo –dice _______(24) levantándose y colocándose cuidadosamente
su vestido– Voy a por una copa.
— Te acompaño –comenta _______(25)– Lo mejor es darse a la bebida. Oye _______ (26) ¿Tú vienes o te quedas “planchando”
lo que no planchas en casa?
— ¿Cómo que planche…? No gracias
me quedo. No vaya a ser que justo
ahora…
— Vale, vale. Por cierto ricura –dice _______(27) al levantarse dirigiéndose a _______(28)– ten cuidado al bailar, no te vayas a pisar la falda…
G. G. G.
|