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os
dejaste el pasado 1 de Julio,
después de toda una vida dedicada al Tango; tu vida fue el Tango y
el Tango tu vida..., sentiste
su llamada desde muy temprana edad, incluso llegaste a estudiar
bandoneón,
acentuando -más si cabe- tu inexorable destino, pero al fin te
decantaste
por la danza, tu danza..., diferente,
dramática, exuberante y pasional.
Te distinguiste de los demás, tu estilo
propio e inconfundible nos despertaba
los mas sobrecogedores sentimientos
y a veces se nos ponía un nudo en la garganta de tanta emoción
contenida cuando vivías y transmitías -tanto a Marcela Durán,
primero, como a María Plazaola en los últimos años- ese romance
de amor, esa pasión envolvente que hicieron que tu tango nos deje
un recuerdo imborrable.
Milonguero de culto, Carlos Eduardo
Gavito nació en La Plata, hijo de gallega
y argentino, pronto se trasladaron a Sarandí, partido de
Avellaneda. Desde
muy joven se sintió atraído por el Tango; él contó en alguna
ocasión que bailaba desde los 7 años, pero comenzó
sus estudios de danza –con lo que se llamaba entonces “jazz
moderno”– a los 18 años, baile que a su vez compaginaba
con el Tango para que allá por el año 1963 se uniera a la orquesta
de Miguel Caló como bailarín. Ya en el año 1996, empieza su
periplo mundial con su personal estilo.
Vivió varios años en Inglaterra y en Estados Unidos pero bailó en
solitario por todo el Orbe, antes de su incorporación
a la compañía Tango Forever de Luis Bravo allá por el año 1990.
Políglota, dominaba cinco idiomas, ciudadano del mundo, no olvidó
jamás
sus querencias ni al equipo de fútbol del que fue hincha toda su
vida el Independiente de Avellaneda...
Una cruel enfermedad venia lastrando
hace años su vida, por ello cuando hace unos meses se reunió con
amigos y familiares (sus padres casi centenarios aun viven) para
celebrar
su 63 cumpleaños en la milonga
Una cruel enfermedad venia lastrando
hace años su vida, por ello cuando hace unos meses se reunió con
amigos y familiares (sus padres casi centenarios aun viven) para
celebrar
su 63 cumpleaños en la milonga
Sundeland
de Villa Urquiza, fue también su despedida.
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Él dijo en una ocasión
-consciente de su enfermedad:
“un día uno se tiene que ir y diré: Gracias porque me dejaron
vivir tan largo tiempo...”
Y se nos fue, en su Buenos Aires querido, rodeado de familiares y
amigos,
cubierto de flores, con un rosario
en las manos y velado en el barrio del Abasto, su cuerpo descansará
para la eternidad en el cementerio de Chacarita donde en compañía
de tanto
prócer tanguero nunca estará solo. Él se hacia llamar
sencillamente “un tal Gavito”.
De Avellaneda se fue...
a conquistar otros cielos
con un dolor en la piel
alzaron el vuelo
Hoy milonguean con él
todas las Musas del Tango
En cada paso un pincel
y cada abrazo un milagro.
(Estrofa de “Milonga para Gavito” cuyo autor Carlos Daniel González
dedicó al insigne maestro)
Manolo Motas
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