▲ TANGONEÓN Revista nº 37 AÑO X Octubre-Diciembre 2005

In memoriam

Gavito: in memoriam

 

os dejaste el pasado 1 de Julio, después de toda una vida dedicada al Tango; tu vida fue el Tango y el Tango tu vida..., sentiste su llamada desde muy temprana edad, incluso llegaste a estudiar bandoneón, acentuando -más si cabe- tu inexorable destino, pero al fin te decantaste por la danza, tu danza..., diferente, dramática, exuberante y pasional.

Te distinguiste de los demás, tu estilo propio e inconfundible nos despertaba los mas sobrecogedores sentimientos y a veces se nos ponía un nudo en la garganta de tanta emoción contenida cuando vivías y transmitías -tanto a Marcela Durán, primero, como a María Plazaola en los últimos años- ese romance de amor, esa pasión envolvente que hicieron que tu tango nos deje un recuerdo imborrable.

Milonguero de culto, Carlos Eduardo Gavito nació en La Plata, hijo de gallega y argentino, pronto se trasladaron a Sarandí, partido de Avellaneda. Desde muy joven se sintió atraído por el Tango; él contó en alguna ocasión que bailaba desde los 7 años, pero comenzó sus estudios de danza –con lo que se llamaba entonces “jazz moderno”– a los 18 años, baile que a su vez compaginaba con el Tango para que allá por el año 1963 se uniera a la orquesta de Miguel Caló como bailarín. Ya en el año 1996, empieza su periplo mundial con su personal estilo.

Vivió varios años en Inglaterra y en Estados Unidos pero bailó en solitario por todo el Orbe, antes de su incorporación a la compañía Tango Forever de Luis Bravo allá por el año 1990.

Políglota, dominaba cinco idiomas, ciudadano del mundo, no olvidó jamás sus querencias ni al equipo de fútbol del que fue hincha toda su vida el Independiente de Avellaneda...

Una cruel enfermedad venia lastrando hace años su vida, por ello cuando hace unos meses se reunió con amigos y familiares (sus padres casi centenarios aun viven) para celebrar su 63 cumpleaños en la milonga Una cruel enfermedad venia lastrando hace años su vida, por ello cuando hace unos meses se reunió con amigos y familiares (sus padres casi centenarios aun viven) para celebrar su 63 cumpleaños en la milonga Sundeland de Villa Urquiza, fue también su despedida.

Él dijo en una ocasión -consciente de su enfermedad: “un día uno se tiene que ir y diré: Gracias porque me dejaron vivir tan largo tiempo...”

Y se nos fue, en su Buenos Aires querido, rodeado de familiares y amigos, cubierto de flores, con un rosario en las manos y velado en el barrio del Abasto, su cuerpo descansará para la eternidad en el cementerio de Chacarita donde en compañía de tanto prócer tanguero nunca estará solo. Él se hacia llamar sencillamente “un tal Gavito”.  

 

De Avellaneda se fue... 

a conquistar otros cielos

con un dolor en la piel alzaron el vuelo

 

Hoy milonguean con él 

todas las Musas del Tango 

En cada paso un pincel 

y cada abrazo un milagro.

 

(Estrofa de “Milonga para Gavito” cuyo autor Carlos Daniel González dedicó al insigne maestro)

  Manolo Motas   


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