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«La buena convivencia hace que la milonga funcione» |
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Gilda: Con ese nombre tan de reina europea que tenés y esos bellos rasgos indios, al verte bailar tango se me ocurre preguntarte cómo te ocurrió eso siendo de Jujuy. Eugenia: En Jujuy nunca bailé tango. El tango para mí llegó más tarde, en Buenos Aires. Antes bailaba clásico y en Buenos Aires clásico y contemporáneo, que era mi idea al principio de la danza, ni siquiera el folklore, que sólo me gustaba cantar. Mi familia, mi papá hacía teatro, recuerdo que hicieron una obra de Gorostiza, «El Acompañamiento», que es genial, él cantaba Viejo Esmoquin y a mí me encantaba, me gustaba pero era algo que no me había planteado bailar. Pero una vez haciendo un trabajo de danza contemporánea con un grupo, una pareja bailaba tango, una coreografía sobre un tango de Piazzolla, me encantó verlos a ellos y me empezaron a enseñar, venían a casa, ahora ellos ni bailan y así empecé yo: primero no existía y luego hice a un lado todo lo demás y me quedé con el tango. G: Luego del cambio, al volver al norte, ¿ te aceptan los jujeños? E: Es que en Jujuy para mí el tango no existe. Cuando estaba tan entusiasmada con el tango llegaba a Jujuy y ponía un tango y no tenía nada que ver. Allá es el folklore, es otra vida, el tango en mí tiene mucho que ver con la nostalgia de ir dejando, esa cosa que uno tiene con las ciudades de encontrarte solo en la gran ciudad y las cosas que te van pasando en la vida. Me cambió la vida, y luego el hecho de venir aquí no fue pensado tampoco. Cuando Leo me llama para trabajar con él yo estaba estudiando, había dado algunas clases pero mi primera pareja estable de baile fue Leo, allá nos gustaba mucho bailar juntos pero a trabajar empezamos acá. G: De las bailarinas que llevan un tiempo largo enseñando y bailando en Madrid, sos la más joven, por eso queremos preguntarte a vos si se puede vivir del tango o si tenés que renunciar a muchas cosas para darte ese gusto, viviendo fuera de tu país, en las condiciones que vienen a enseñar. E: Sí, de hecho estamos acá porque podemos vivir del tango, en la Argentina es más difícil porque hay muchas más parejas, vos sabés que allá todo el mundo tiene dos trabajos. Yo allá podía bailar pero tenía que trabajar de otra cosa y para mí esto es un regalo que se nos ha dado y es genial.
E: El tango a nivel de baile tiene que ver con la personalidad individual y de pareja, tiene que ver con cómo te relacionás con una pareja. En el caso del hombre, si no te abraza no va a encontrar el tango, no son pasos. A nivel físico todo el mundo puede hacer pasos y podés tener oído musical, pero el tema es cómo interpretás. Es un mito que tiene que ser latino, hay gente que lo hace muy bien y a mí me sorprende porque uno tiene esa idea. Hay lugares donde me gusta menos cómo se baila, depende de las tendencias y de los maestros que hayan pasado por ahí. G: ¿Influyen mucho los maestros? E: Yo creo que sí, en ciertas tendencias de baile sí, aunque no puntualmente, se nota quién enseña. G: Estos días que están celebrando el cuarto año de esta milonga (Cha 3) con mucha gente, ¿qué sentís vos por esto que tiene que ver con vos y con otros profesionales, te emociona un poquito? E: No siento que seamos nosotros solos, hay otras parejas que trabajan y todos convivimos, hay una buena convivencia, no es que todos nos agrademos pero en Madrid hay buena convivencia y eso es lo que hace que la milonga funcione.
E: Eso que pasa en Barcelona pasa en muchos lugares y es muy triste porque por un lado ves que hay mucha gente interesada pero por otro lado está peleada y no va porque está dentro de un grupo, es horrible pero pasa muchísimo. G: ¿Puede ser un exceso de protagonismo? ¿Lo que es mío es mío y no se tiene que mezclar con lo tuyo? E: Yo no lo llego a entender pero es una parte del tango que no es buena, es fea, se ve y es una lástima. En el tango no somos una masa, somos pocos y si no nos juntamos no se va a producir el tango. G: Parecido a lo que decías de los cuerpos, si no se juntan los cuerpos no hay tango y si no se juntan los deseos tampoco va a haber milongas. ¿Quiénes fueron tus maestros en el tango? E: Mi maestro fue Rodolfo Dinzel y no hubo más maestros porque luego me vine para aquí, he tomado clases pero tener un maestro significa que trabajás una técnica. Dinzel como maestro me gusta mucho porque hace que vos desarrollés tu parte, él te da herramientas y uno las trabaja y bueno, luego se aprende mucho enseñando y en la milonga, es lo que te enseñan y lo que aprendés a hacer vos. G: Eso creemos , que a los maestros hay que respetarlos y también hay que aprender a diferenciarse de ellos porque si no tampoco se es un buen discípulo. Siendo éste el número 5 de Gilda, tres de las entrevistadas anteriores para esta sección han sido también bailarinas y las tres han dicho cosas diferentes de la estética del tango. Para una el tango tiene que ver con Buenos Aires en el sentido del barrio, la mugre, la tradición y la milonga. Otra representa más que a Buenos Aires a París y defiende poca mugre y mucha técnica. La tercera es Buenos Aires otra vez pero un tango post Piazzolla con mucho escenario y trapecio.¿A qué te unirías o qué agregarías? E: Yo creo que el tango ha evolucionado mu G: Seguramente influye dónde uno baila, dónde uno vive. E: Si, yo a veces me pregunto cómo vivo el tango ahora que no tengo a Buenos Aires. Me pongo un tango y voy caminando por la calle escuchando tango y encuentro el tango en esta ciudad. G: Es una música de ciudad y entonces se la encuentra en las ciudades. Bueno, para terminar. ¿Qué pensás de que las mujeres hagamos una revista de mujeres en el tango? E: A mí me parece que están de mi lado, como mujer qué querés que te diga. Me parece muy bien. Y quiero decir algo más, cuando estuve en París se acercó uno de una Asociación y me trae parte de la revista, con un comentario de Mariana y me pide que la felicite porque estaba totalmente de acuerdo con lo que decía (de las milongas de París). Y creo que es genial porque tiene toda la razón y lo ha hecho con gracia y eso está muy bien.
Extraído de la Revista
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