Seis días de tango, un festival bien extenso, ya con una cierta
solera (es la cuarta edición) y que cada año ha sido diferente.
Los dos últimos han tenido la peculiaridad de contar con un nutrido
grupo de ingleses/as que, en un viaje organizado que armoniza turismo
y tango, pasan la semana en
Sevilla. Ello le da al festival un cierto toque exótico
ya que el balance de tanguer@s se inclina claramente a favor
de los británicos, esto también es debido a la falta de asistencia
de los de la zona, en parte por la escasa información que recibieron
y, en parte, porque el tanguerío local es así.
La peculiaridad de esta edición no termina en el público, también
algunos de los lugares en los que se ubicaron las milongas eran
atípicos, al más puro estilo europeo, (recordemos que en pocos sitios
se cuida tanto el lugar de baile como en Madrid).
Bailamos el primer día, martes, en el Café del Casino de la Exposición,
un magnífico salón de principios de siglo que merecería ser usado
más frecuentemente para este fin.
El miércoles fue más convencional: en un hotel de la ciudad con
cena y actuación de los organizadores
Milton Hoffman y Romina Godoy.
El tercer día en la antesala del Teatro Sol, después del espectáculo
de tango y folklore argentino, de 50 minutos de duración, que protagonizaron
en solitario,
Milton y Romina: Entre el gaucho y el compadrito,
en el que hicieron un recorrido por la evolución de la danza.
El viernes, la milonga se celebró, después de la exhibición de un
grupo de aficionados andaluces al tango, en la “Sala Fundición”.
Así es que bailamos en el escenario, ¡toda una experiencia!, y sobre
la moqueta de la zona de asientos, (sorprendentemente bien, por
cierto).
El sábado en un centro de arte alternativo, donde lo mismo se ensaya
y/o representa teatro que ballet clásico, danza contemporánea, flamenco...
El sexto día, el domingo, tuvimos una de las mejores milongas del
encuentro. Al aire libre, con una temperatura espléndida en una
especie de patio andaluz lleno de plantas.
Cada sitio tuvo su particularidad y algunos, como el Casino y el
patio del domingo, constituyeron un magnífico acierto. La crítica
va hacia la temprana hora de terminación de las milongas, (hasta
nuestros amigos ingleses querían más marcha) y la música, repetida
día tras día.
Bueno, incluso el público asistente a la charla-coloquio y proyección
de cine de Rafael Flores fue especial: un grupo de universitarios
de Filología y Periodismo, con profesores incluidos. Se echaron
de menos actuaciones ajenas a la pareja organizadora y sus alumnos,
probablemente estaba en nosotros el recuerdo del pasado año donde
hubo diferentes exhibiciones y música en vivo para bailar.
En conjunto, un evento nada al uso, en un ambiente agradable, relajado,
contactando con los bailarines ingleses, que hablaban encantados
de las clases de
Milton y Romina. Por cierto, a destacar el esfuerzo desplegado por esta
pareja al coordinar tantos días de milongas e impartir tantas horas
de clase. Un festival con tradición que debe mantenerse, así es
que: ¡ánimo,
Milton Hoffman y Romina Godoy, deseamos que sigáis adelante con el proyecto y os esperamos
el año próximo!.
FOTOS [ Álbum 1
]
[ Álbum 2 ]
[ Álbum 3 ]