UNA VISITA A LOS TEMPLOS

por Marcos Iaffa Sancho  

Marcos Iaffa Sancho
 Marcos Iaffa Sancho

Como muchos creyentes en todo el mundo, el domingo es un día propicio para visitar el templo de su devoción.

No quisiera entrar en terrenos personales, me caracteriza una amplia tolerancia y los caminos del Señor son muy anchos, cada uno sabe cual es el que quiere recorrer...

Te la abrevio: estuve en Salón Cannig..., para mí el altar supremo del estilo milonguero.

Hacía más de un año que no pisaba esas tablas, te confieso que sentí una gran emoción, primero refrescar los códigos, pedir el botellín de agua, buscar discretamente con la mirada, no saludar ni a tus viejas amigas, después... el cabeceo, sale o no, encontrar un espacio, calcular el arranque y con todo esto largarte a la abigarrada pista, rodeado de unas sesenta parejas de excelente bailarines, y lo mejor de lo mejor: el abrazo, la exquisita sensación de placer mutuo, el rabillo del ojo escudriñando a las minas en el trance de su éxtasis milonguero.

Confieso que al principio me costó, ¡cómo se puede bailar en tan poco espacio!, me había deshabituado, ¡pero los pasos cortos, el maravilloso apile y la veteranía de estas mujeres lo hace todo posible!.

Busqué a la mejor de todas, me costó, estaba de cartón lleno, pero así debía ser, la hallé, el pequeño gesto crucial, sale a la pista, hice toda una tanda de Di Sarli, no hay palabras, el tango era suficiente, la música me envolvió y me llevó al cielo.

Al mediar, la noche ( termina a las 23 hrs.), sentí que no podía dejar de bailar una milonga y un par de valses, la mejor esta ocupada, así que logré a la que le sigue, el placer fue en aumento..., ¿cual sería la mejor?, la pista se iluminó, esta noche ya es historia.

 

Como toda fe verdadera tiene sus menos creyente, enfilé pa La Viruta, los domingos ya se sabe, hay más público de rock.

Aproveché para descansar unos minutos, el ambiente más informal, hasta casi insolente de gente muy joven, el saludo de tantos amigos y conocidos renovó mi emoción.

Si en Cannig la falta de espacio de baile en la pista no llega a pesar por la extraordinaria calidad de los bailarines, en La Viruta no es así, comprendí que esto solo debe hacerse por otras razones, si querés al tango hay que mantenerse firme y no caer en esto.

Pero, tenía poco tiempo, solo unos días en Buenos Aires.

Busqué con la mirada con quién bailar un par de tangos, muchas chicas muy bellas, poco tango. Pero el que busca encuentra..., y entre tantas apareció la indicada, “qué bien bailas “, me dijo la piba, “ que linda sos”, pensé para mis adentros.

La noche sigue entre pocos tangos y milongas y mucho, mucho rock. La energía flotaba en el aire, a las tres de la matina, exhausto me fui a dormir.

Recién llegado de Madrid, había bailado más de seis horas casi seguidas, en mi querido Buenos Aires.
 

Marcos Iaffa Sancho  
Madrid, diciembre de 2003  
   

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