De la forma rítmica y melódica surgida en el Río de la Plata a finales del
siglo XIX, un grupo de jóvenes inquietos conformaría la llamada Guardia Nueva
a principios del XX. Diversas figuras anuncian e integran la Guardia Nueva;
algunos transicionales de la Guardia Vieja, como
Roberto Firpo,
Agustín Bardi, o
Eduardo Arolas.
Julio De Caro se convertirá en el eje de la nueva corriente. Cuando uno
se asoma a su vida y obra, hay esquinas referenciales de su formación que
resultan insoslayables. Son referentes que afectan al tango en su globalidad
y que, de un modo u otro, deciden su futuro. Si el tango fue en las primeras
décadas del siglo también "música de pibes", allí está la historia de
Julio De Caro y sus hermanos. Si empezó siendo obra de creadores educados
en conservatorios, Julio era hijo de José De Caro, dueño y director de una
importante escuela de música de Buenos Aires ... (a los trece años, el joven
De Caro
impartirá clases de teoría, solfeo y violín en el instituto paterno). Si fueron
muchachos de clase media pujante quienes afrontaron las expulsiones del hogar
por dedicarse a esa música de arrabal, Julio De Caro es ejemplo de quienes.
Contra todo, se entregaron al tango como a un destino.
Con estos presupuestos se erige nuestro personaje en símbolo de la nueva corriente.
¿Qué trae La Guardia Nueva?
A partir de su aparición, el tango será música para ejecución orquestal. Se
tocará según arreglos escritos sobre las partituras originales, tendientes
al embellecimiento contrapuntístico y armónico de las piezas. Cada instrumento
tendrá una pista para cantar, contestar, integrarse o comentar la hebra melódica.
El aprovechamiento tanto de las voces instrumentales como de los timbres nos
ponen ante una ejecución desconocida hasta entonces.
Tal vez la época más inspirada de Julio De Caro esté inscrita en la década
de 1920, al frente de su sexteto. Después sus inquietudes continuaron hacia
búsquedas sinfónicas. Creó la Orquesta Melódica Internacional, de resultado
dispar, aunque es indudable que abrió caminos a futuras realizaciones. Asimismo,
donde mejor se percibe su fuerza promisoria es en la obra de las estrellas
del cuarenta. Muchos, entre ellos el más convencido
Osvaldo Pugliese, reconocen a Julio De Caro como punto de partida para
la concepción estructural del tango. Presumiblemente De Caro haya sentido
desde temprana edad que la tradición musical clásica de Occidente, allá en
el Sur, debía convertirse en otro lenguaje, en una nueva expresión a través
del tango.
En
las actuales recuperaciones discográficas (Argentina, Japón, España, Inglaterra,
etc.) se prefieren las obras de Julio de Caro y su Sexteto a las que grabó
con su Orquesta. Es un sonido diferente, armonioso, evocador de arrestos compadres
como exponente de sutiles inspiraciones melódicas. Están los salones suntuosos
de los años locos europeos y rioplatenses, a la par que un deje de Pampa que
anuncia distancia, sensaciones de tierra no sometida
De Caro / Gardel
Nueve años menor que Gardel pero nacido también un 11 de diciembre, ahora
Día Internacional del tango, en muchas ocasiones paseó con "el Zorzal" por
las calles de París y de Buenos Aires. Reconocido como el codificador del
tango moderno, "ascendió las partituras al atril". Julio De Caro reflexionó
mucho sobre la estructura musical del género ... y escribió un célebre libro
de memorias. No omitió referirse a Gardel. En magníficas anécdotas, su pulcritud
casi musical nos descubre interioridades reveladoras del cantante. Por ejemplo
cuando nos cuenta una caminata, al salir juntos del gimnasio.
"Subíamos la barranca de la calle Tucumán charlando. De pronto, nos topamos
con un hombre joven, rotoso y sucio, que al reconocer al Gardel, exclamó:
‘Carlitos, Carlitos, ayudame’. Porque Carlitos era, más que un cantor popular,
un ídolo, la gente se creía que él todo lo podía ... y a él le gustaba que
lo creyeran. Me miró preguntándome: ‘Julio ¿querés ganarte unos mangos? Vamos
a poner en circulación a este muchacho’ y sin esperar mi respuesta, lo tomó
del brazo y nos llevó hasta una sastrería de la calle Reconquista, donde vendían
trajes usados. Carlitos se dirigió al asombrado vendedor: ‘¿Tiene zapatos
también? Vístalo de pies a cabeza. Ah, pero antes dele una toalla mojada para
que se limpie’. Jamás podré olvidar esa escena. En el local había un espejo
grande y, cuando el pobre muchacho se vio en él con su nueva indumentaria,
lloraba y reía al mismo tiempo, sin saber qué decir. Carlitos no le dio más
tiempo a reaccionar. Pagó y nos arrastró hasta una peluquería ‘aféitelo, péinelo
y perfúmelo’ le dijo al oficial. Y luego volviéndose a mi: ‘Esto lo pagás
vos. A mi se me acabó la plata. Además, vamos a dejarle un diez (billete de
diez pesos) para que pueda movilizarse y buscar trabajo’. Así, mientras el
peluquero hacía su trabajo, nosotros desaparecimos".
Rafael Flores
Extraído del libro "Gardel y el Tango. Repertorio de Recuerdos"
Ediciones
de la Tierra
Madrid
– 2001