EN CONTRA DE LAS AGUJAS DEL RELOJ

por Sonia Abadi   

Milonga al Aire Libre III Albasitango, Albacete. Foto cedida por http://www.albasit.net/albasitango.html

Negando el paso del tiempo o quizá buscando su inspiración en el pasado, así se baila el tango.

En estos días de soledades físicas en que amistad, sexo y afecto encuentran soluciones de Internet , el tango ofrece la oportunidad de un encuentro vivo, cuerpo a cuerpo, a la vez que un espacio para vivir experiencias de diversa calidad emocional, erótica y artística.

Así baila Buenos Aires. Con el pasado en presente y el presente continuo, al son de viejas orquestas y letras que cuentan historias de otros tiempos. Pero baila hoy, en el umbral del milenio. Perdidos en la gran ciudad y el mundo globalizado, en la milonga se encuentran todos. Los que ya no están, los que bailan, los que van viniendo o vendrán, los que vuelven.

Jóvenes que descubren el tango que bailaron sus abuelos, aportando su energía, creatividad e irreverencia.

Adultos que redescubren el tango de sus viejos y del que renegaron durante años.

Viejos milongueros que nunca dejaron de bailar y miran sorprendidos este nuevo berretín por el tango caminando la pista con una mezcla de orgullosa modestia y displicente destreza.

Extranjeros que vienen y vuelven enamorados de ese abrazo intenso y de esa proximidad emocional inhallable en sus propias tierras. Todos ellos circulan entre clases y milongas que tampoco son ya de un solo modo.IV Festival Sevilla de Tangos

El tango de hoy se baila informalmente en algunas plazas de Buenos Aires, con un modesto equipo de música a ras del piso, a la vista de los curiosos y atónitos paseantes. Estilo compinche, sin cabeceo ni remilgos, tanto el hombre como la mujer pueden invitar a bailar. Se baila en jeans y zapatillas, borcegos y remera. Vas si sos del barrio y si no también.

Se baila en las clases y prácticas que evolucionan naturalmente hasta transformarse en milongas. Los grupos de amigos o compañeros de clase se sientan juntos, charlan, prueban nuevos pasos. Allí no hay riesgo de planchar ni de rebotar. Piadosamente, ellos bailan a todas las chicas, ellas bailan hasta con el más tronco. Se sigue bailando en las milongas más tradicionales, con tanda y cabeceo, y mesas separadas para hombres y mujeres. Hay más empilche, ellos de traje o camisa negra, todavía se encuentran los engominados y hasta algún saco cruzado a rayas finitas. Ellas más producidas, con medias de red, transparencias o ropa que brilla. También de mini y con el ombligo al aire.

El tango, "violador de fronteras" como lo llamó Cadícamo, ya ha atravesado las barreras sociales, espaciales y generacionales, mezcla los estilos, sale de los salones a las calles. Ahora además, en un torrente imparable, cruza la frontera del milenio, llevado por los bailarines que avanzan hacia el futuro, girando siempre en el sentido contrario a las agujas del reloj.

 

Sonia Abadi, El bazar de los abrazos       

Bs.As., Lumiére, 2001       
  

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