Podríamos responder al curioso, (que a veces nos pregunta si es tango
argentino, el tango que en Madrid existe), -que no hay tango argentino,
gallego, galo o portugués, porque el tango es el tango; como podemos
comprobarlo en cualquiera de las milongas que en Madrid existen desde
hace algunos años y claramente, cuando en los acontecimientos como en
el reciente VI ENCUENTRO INTERNACIONAL DE TANGO que se celebró en los
días del 4 al 8 de diciembre de 2002 en el Círculo de Bellas Artes de
esta ciudad, Madrid.
El Círculo de Bellas Artes es un lugar que se caracteriza por dar cabida
a muchas de las producciones de las Bellas Artes. En uno de sus salones
más bellos el Salón de las Columnas se reunieron más de 400 personas
que venían de Italia, Francia, Argentina, Portugal, Alemania, Nueva
York, Rusia y por supuesto, de casi todas las comunidades regionales
españolas, Valladolid,
Barcelona, Valencia, Zaragoza,
Sevilla, etc..., para producir este encuentro verdaderamente
internacional que propician sus coordinadores desde hace 6 años, Pablo
y Beatriz. Artistas, trabajadores incansables en producir, enseñar y
difundir el tango, es decir haciendo cultura.
Las Milongas aquí, en este Encuentro llamadas baile, tal vez, un forzamiento
más en la creencia de que hablamos diferentes idiomas; de que "milonga",
"cambalache", "acamala" o "junando", por ejemplo, no pertenecen a la
misma lengua: el castellano; sin embargo, llamase
baile, o como quiera el rigor que se le imponga, el tango es el tango
y hace lo suyo.
5 días (desde el miércoles al domingo), en Bellas Artes de Madrid, se
celebraba el VI Encuentro, titulado "Encuentro con los Grandes". Grande
implica no solo conocedor en su quehacer, sino que grande implica "maestría".
Diferencia radical que se nos plantea claramente entre el decir, profesor
o maestro, más cercano al oficio, este último que a la profesión.
Se puede decir de un profesional que es buen profesional, o poco profesional.
Lo que no se puede decir es buen o mal maestro; porque un maestro no
es buen o mal maestro, es maestro, y para tal, no lo es sino hay discípulo,
que también hay que diferenciar de alumno. El maestro tiene discípulo,
aprendiz. El profesor tiene alumnos o principiantes. Tal vez todo cuestión
de tiempo o tal vez, aunque necesario éste, como también lo académico
para aprender, no es suficiente para transmitir o ser transmitido, para
ser maestro o discípulo.
En estos encuentros que
Pablo Ojeda y Beatriz Romero nos ofrecen, podemos encontrar estas
diferencias; hubo muy buenos profesionales y hubo maestros, es decir,
encuentro con los grandes.
La orquesta del Bandoneón de D. Jorge Lema, las numerosas clases que
se impartieron y las milongas, o bailes de gala que en estos días
se celebraron, fueron el marco que cada día fue calentando las paredes
y el piso del salón con sus columnas, donde ya, sentados en el suelo,
en sillas o en pie, en la noche del sábado se esperaba la actuación
de
esos artistas que se anunciaban:
Gloria y Rodolfo Dinzel, Carlos Gavito y María Plazaola, Roberto Herrera
y Natacha Poberaj, Fernanda Ghi y Guillermo Merlo, Marisa Talamonti
y Ricardo Calvo,
Pablo Ojeda y Beatriz Romero.
Madrid no es Buenos Aries, por favor, tampoco es París. Madrid es una
ciudad donde Manzi y Discépolo, Troilo o la Merelo, por no decir otros
más, pasean por sus calles, porque un artista no muere, porque la poesía,
los productos de las artes, no son genuinos de ninguna región o país,
son universales, no tienen tiempo, no caducan.
No fue la destreza técnica y académica de estos artistas de la danza
lo que le ofrecieron al público solamente, sino que algo más, algo que
el tango da, lo que ofrecieron: fue goce estético.
Fue
éste, el VI ENCUENTRO INTERNACIONAL DE TANGO EN MADRID, un acontecimiento
que cada año se cobra más gentes, que vestidos con vistosos y elegantes
atuendos formaron parte también del gran espectáculo que hace el tango;
y así en este ambiente, estos artistas, entusiasmaron a todos, sin que
hubiese unanimidad en los gustos, que ya se sabe que gustos y opiniones
tiene todo el mundo. Es cierto que muchos trabajadores importantes en
el tango en Madrid allí no estuvieron, es cierto que otros que estuvieron
eran solamente curiosos del fenómeno; no obstante a todos tocaba algo
de la elegancia de estos ejecutantes de la danza, a todos tocó la poesía
que se escribe
con los pies.
Pablo Ojeda y Beatriz Romero pueden estar contentos por su trabajo
y Madrid también, que seguro algún día les agradecerá a estos y a todos
los que dan su vida, su tiempo, (ya sean argentinos, franceses o polacos),
lo que se les debe por su entrega.
Pilar Iglesias Nicolás
Madrid 2002