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JUAN D'ARIENZO, EL REY DEL COMPÁS. Las Orquestas, los Intérpretes. por Ricardo Ancarola Junio 2008 |
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"A mi modo de ver el tango es ante todo, ritmo, nervio,
fuerza y carácter. El tango antiguo tenía todo esto, y hay que procurar
que no lo pierda nunca. El tango es esencialmente música. No puede relegarse
a las orquestas que lo interpretan a un lugar secundario y colocar en primer
plano al cantor, al divo. Eso es un error. Yo puse a la orquesta en primer
plano y al cantor en su lugar. Traté de restituir al tango su acento varonil
que había ido perdiendo. Son palabras de D'Arienzo en 1949. En primer lugar hay que decir que la de Juan D' Arienzo fue la orquesta de aceptación popular quizá más apabullante de toda la historia del tango. Al mismo tiempo que fue negado por los especialistas tangófilos, intelectuales y muchos músicos que le reprocharon haber retrasado la evolución musical del tango. Por eso hay "d'ariencistas" y "antid'ariencistas" y quien lee estas notas tiene derecho a saber que quien las escribe se alinea entre los primeros. Juan D' Arienzo nació a finales del año 1900 en el porteño barrio de Balvanera y llegó a significar un hito en ese resurgimiento del tango de la década de los '40 que arrastró a bailarines y oyentes, en radio, teatro y cine, convocando al público a bailes multitudinarios especialmente, pero no sólo, en Buenos Aires y Montevideo. La fecunda década del '40 empezó en realidad en 1937 cuando D' Arienzo incorpora a su orquesta al pianista Rodolfo Biagi (al que podemos reconocer en su propia orquesta creada pocos años más tarde) y que fue determinante para redondear el estilo D' Arienzo que ya se apuntaba en 1935. Ese estilo se caracterizó pon una velocidad mayor de la que se venía utilizando hasta entonces, un ritmo vivo y marcado, picado, con la acentuación de los cuatro tiempos de cada compás. A los bailarines los hipnotizó y hasta los que no sabían bailar se sentían arrastrados a la pista. Rescató el 2 x 4 tal como era el tango antiguo, que había sido reemplazado por el 4 x 8 del tango elaborado para el cantor y "para escuchar". Pero un 2 x 4 nada monótono, nada ingenuo, nada melancólico. Poco antes de morir, a mediados de los '70, D' Arienzo reflexionaba que en su orquesta el piano era fundamental. Antes de Biagi lo acompañaron Visca y Fassoli. Y después Fulvio Salamanca. Nunca tuvo menos de cinco violines y cinco bandoneones. Sus críticos decían que para qué hacía falta tanto si tocaban casi al unísono. Pero la gente adora ese violín "helado" que sale desde el fondo de la melodía que casi detiene la orquesta y que parece el pie izquierdo suspendido del bailarín cambiando la dirección de la caminada. El que lo ha bailado lo entiende. Había empezado como violinista y luego integró un trío con el célebre pianista Angel D'Agostino. Hasta llegó a ser estribillista, dejaba el violín y cantaba el estribillo del tango. Estuvo vinculado al teatro y hasta el cine. Ganó mucho dinero entusiasmando a la gente y tenía fama de generoso y benevolente. En los años '40 y '50 cada noche su orquesta tocaba en varios locales sucesivamente. Los bailes de carnaval contaban con él como animador indiscutido. De su inmenso repertorio los tangos que más me gustan son aquellos instrumentales vivos como sus versiones de El flete, Nueve de julio, Don Horacio, El pensamiento, Don Pacífico. Y desde luego entre sus diversas grabaciones de La cumparsita, la inmortal de 1937, una de las preferidas para finalizar las milongas actuales, que todavía nos emociona con esos silencios cargados de sensaciones. Las milongas instrumentales, algunas lentas como Papas calientes y Milonga, vieja milonga, apropiadas para el traspié que no dejan pasar los buenos milongueros. Y los valsecitos estupendos que nos causan adicción: No llores, madre, Valsecito de antes, Ay! Aurora, etc. Con los cantores D' Arienzo tuvo un vínculo especial. A pesar de haber confesado que había que relegarlos como expuse más arriba, eligió cantores excelentes, con gancho, con buena dramática. El más renombrado por haber formado un verdadero tándem fue el rosarino Alberto Echagüe. Suya es la serie de "Joyas del lunfardo" que incluye el poderoso Cartón junao, Sarampión, Las cuarenta, Barajando y otros sentimentales pero recios son Corrientes y Esmeralda, La madrugada, No nos veremos nunca, Paciencia. Coincidió en el tiempo con Armando Laborde. Creaciones suyas son Yuyo brujo o Viejo smoking. Menos conocidos fueron Alberto Reynal y Carlos Casares. A finales de los '40 grabó con el gran cantor Héctor Mauré, que nos dejó los célebres Amarras, Claudinette y otros. Y con Bustos, Valdez y Palma sus tangos más chabacanos por los que fue tan criticado pero también algunos magníficos: Por la vuelta, El tigre Millán. En los años '60 D' Arienzo exploró caminos nuevos con una instrumentación más elaborada, bailable aún pero más al gusto de los nuevos tiempos demostrando que podía crear una música menos lineal. Yo recuerdo por aquellos años apariciones televisivas de Juan D' Arienzo en la televisión argentina en las que lo veíamos con su traje negro, casi agachado frente a los bandoneonistas dirigiendo la orquesta, moviendo los brazos ampulosamente y, de pronto, salir como corriendo para buscar al cantor al que también le marcaba, casi como una arenga. Entonces nos hacía gracia y no sabiendo cómo interpretarlo lo atribuíamos a una excentricidad del maestro. Ahora llego a entender que lo hacía para animar a los músicos, que no bajaran la guardia, que mantuvieran el ritmo, la vivacidad y para acentuar que el cantor era un instrumento más, al servicio del bailarín. Publicado por la revista de veraTANGO Junio 2008 Valencia - España |
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