La Voz Del Bandoneón Que Se Voló

por Solange Bazely julio 2010

Solange Bazely
Solange Bazely

El cantante y a la vez bandoneonísta Rubén Juárez, artista visceralmente excesivo que nos conmocionó con su manera personalísima de hacer tango, se fue de gira eternal el lunes 31 de mayo, a los 62 años de edad. Creíamos que nunca nos iba a dejar, tanta era su considerable energía para comerse la vida y el público… mientras nos entregaba su existencia generosa y cómplice con una voz que conoció tanto la vida nocturna.

Rubén Juárez, nacido en 1947 en el pueblo de Ballesteros, de la provincia de Córdoba, su familia se instaló en Buenos Aires, cuando Rubén contaba 2 años de edad. Desde pequeño unió manos y vida a la guitarra y al bandoneón. Su madre viéndolo fabricar diminutos bandoneones de papel le regaló uno de verdad y lo instó a estudiar música. A partir de entonces Rubén toma el gusto y la costumbre de acompañarse con su bandoneón cantando, con naturalidad primero en las fiestas familiares y después en cada ocasión ofrecida.

Siendo pibe debuta como bandoneonísta en la Orquesta del Club Atlético Independiente, en el año 1956, y gana un premio en canto. Después, adolescente ya, toca la guitarra en un grupo de rock bajo el seudónimo de ¡Jimy Williams! Gracias al exguitarrista de Julio Sosa, Héctor Arbello, recorrerá la Argentina cantando y aprendiendo a matizar.

Desembarca definitivamente en la vida de los tangueros porteños a finales de los años 60, merced al encuentro con Horacio Quintana, ex cantante de la orquesta de Lucio Demare, que tras escucharlo lo lleva a debutar en el mítico Caño 14. Allí se hace con el oficio y la escena.

No solamente afronta el desafío de ocupar el puesto dejado por Julio Sosa al que admiraba, fallecido en un trágico accidente en 1964, sino que Aníbal Troilo a quien venerará ¡le pide ser su padrino! ¡Tantos buenos presagios! Graba en el año 1969 en Odeón su primer álbum de tango Para vos canillita y se convierte en figura clave de la escena tanguera con su personal estilo. A efectos de su participación en programas de televisión y en obras teatrales, su popularidad sigue creciendo en los años 70. En 1978 consigue el primer disco de oro, a la vez que la televisión española le da un buen espaldarazo de notoriedad. Y se habla del “fenómeno Juárez”.

En una época donde el tango parecía estar en vías de extinción, tuvo la oportunidad de ser acompañado por orquestas dirigidas por los más grandes del momento: Carlos García, Armando Pontier, Raúl Garello, Roberto Grela y Leopoldo Federico. Así en su carrera de solista, como creando espectáculos con otros cantantes tangueros como Raúl Lavié, Chico Novarro, Roberto Goyeneche… o rockeros como Charly García, Fito Páez, Lito Nebbia y Juan Carlos Baglietto… o con Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, o Luis Salinas para recorrer América Latina, Japón y Europa. En París se recuerda su actuación en 1981 en Les Trottoirs de Buenos Aires… y todavía la última en julio del año pasado en la escena del Studio de l`Ermitage.

En 1983 comienza una larga aventura en Café Homero, local que dirige y comparte la escena con Roberto Goyeneche, Ángel Díaz, o, el pianista Osvaldo Tarantino.

En 1987 actúa en la película Tango Bar de Marcos Zuriñaga con el actor Raúl Juliá y la cantante Valeria Lynch, rodada en Puerto Rico, con música compuesta y dirigida por Atilio Stampone. Fue la ocasión de mostrar sus talentos múltiples y de ser reconocido por amplios públicos hispanohablantes.

En su carrera fue siempre admirador de Carlos Gardel, del que retoma algunos de sus temas y hasta le dedicó su Don Carlos de Buenos Aires y El Candombe para Gardel con Rubén Rada. Recrea versiones de antologías de grandes clásicos como Desencuentro, Malena, Tinta roja, Como dos extraños, mientras sigue interpretando a los jóvenes autores y compositores poniendo de moda temas de Chico Novarro, Héctor Negro, Horacio Ferrer o Juanca Tavera. Igualmente a Eladia Blázquez a quien rendirá homenaje después con su Para Eladia con letra de Chico Novarro. Añade a su talento de compositor obras como Mi bandoneón y yo, Qué tango hay que cantar, Toco y me voy, Vientos del 80, El segundo violín, o Cuestión de ganar.

Luego de un largo paréntesis de quince años sin grabar pero produciéndose siempre en escena (“viví todo lo que debía vivir en Buenos Aires” ha dicho), se instaló con su familia en Villa Carlos Paz, cerca de Córdoba, donde el clima parece estar más favorable con sus frágiles bronquios. En 2002, realiza su álbum blanco (“para mí es como encontrar de nuevo un viejo amor” dirá). Allí integra composiciones nuevas como Ciudad de Nadie (Ogivieki/Szwarcman).

Coqueto a pesar de sus kilos acumulados, presentará su cuerpo de gigante con un bandoneón que parece cada vez más pequeño. Gran seductor en el alma, exuberante, conmovedor, dotado de un oído absoluto, se cuenta a sí mismo en escena, interpela al público, todas las generaciones confundidas, el encanto lo hace cómplice de sus extravagancias, se divierte con los músicos. Auténtico cantante de tango criollo, es un músico completo que nos hace sus confidencias con vivas mezclas de humor.

La audacia creativa de Rubén poco común, solo tiene igual en su gran intuición musical. Conoce todos los yeites, las bateas, lo que hay que hacer con el tango al que incorporó acordes modernos “desfosilizando” al género.

Unánimemente reconocido por su fuerza de interpretación y su presencia escénica, verdadera figura de la canción popular y el espectáculo, es un viajero nocturno e incesante, con un fraseo arriesgado que le permite jugar y cantar con la conciencia de todo lo que pasa en el escenario y en el público. El tango parece un juguete con el cual expresa su amor con humildad, sencillez y espontaneidad. De una energía intimidante y de un talento incomparable, esta complementariedad canto/bandoneón es absolutamente asombrosa, única y genial.

Después de haber trabajado largos años con José Ogivieki, se rodeó del joven y talentoso pianista Cristian Zárate como director artístico con el cual engendraba una magnífica alquimia humana y musical.

¡Por mi parte, he tenido la posibilidad de verlo en escena por primera vez en junio de 2001, en el Teatro Nacional de Chaillot a París, donde me pidió hacerme su agente para Europa! Lo vi de nuevo en 2007, en un café de la calle Corrientes justo antes de un concierto donde tuvo una bajada de presión que me impidió entrevistarlo después… ¡Qué Desencuentro!

Hoy nos sentimos huérfanos, desorientados. Lo extrañamos terriblemente y ya nos sabemos qué tango hay que cantar… Solo nos queda escuchar en buche su música. ¡Gracias Negro! Levantamos los ojos para ver una estrella más brillar en el cielo.

 

 

Solange-Bazely
julio 2010
Tout Tango n° 24

 

 

 

(Este artículo fue publicado en francés en la revista Tout Tango n° 24, www.toutango.com. Los arreglos y correcciones al castellano fueron realizados por Rafael Flores www.rafaelfloresmontenegro.com.es septiembre 2010 ).

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