| LA BAILARINA MILONGUERA Y SU CUERPO
por Raúl Cabral |
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Cuando baila potencia todos sus sentidos y los resume en el cuerpo. Ha construido su estructura corporal desde las bases, sus pies. A partir de ahí, apoyando toda la planta, incluidos los tacos, sabe elevar su energía estirando todo el cuerpo desde la cintura hacia arriba, como si fuera la cuerda de un violín, que vibra ante el menor impulso.
La bailarina es flexible, con estructura. Es blanda, pero no tiene nada suelto (las caderas, fundamentalmente). Su cuerpo es uno, íntegro. No se cuelga, su presencia es notoria. No esconde, pero no carga sobre el compañero; simplemente pega su torso al de él. Tiene su propio equilibrio, así es liviana. Es dulce por lo suave, esto caracteriza su feminidad, y acomoda su cuerpo, fundiéndose, de modo tal que, su compañero siente como si se vistiera con ella. Espera, sigue, no anticipa. Va al viaje de cada paso pisando inmediatamente después, o al mismo tiempo, pero casi nunca antes que él compañero, mimetiza su movimiento. Baila cerca, por alrededor, ocupando poco espacio. No se aparta ni desestabiliza a su pareja. No usa el abrazo para sujetarse. Lleva adelante el cuerpo permanente, aún cuando camina hacia atrás. Coloca el peso corporal en la parte delantera de los pies. En metatarso, en su borde interno, pero sigue apoyando toda la planta, aún los tacos. La bailarina milonguera sabe que sí se separa queda sin noticias del cuerpo del compañero. Por lo tanto, busca siempre su mensaje en el pecho. Siente, no analiza el mensaje. No se detiene a pensar que está haciendo. Solamente siente, redescubriendo, a cada instante, en su sentimiento la magia del tango.
Maestro Milonguero
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